Sin duda, el BAFICI (este año el número 11 - del 30 de marzo al 5 de abril) se vuelve cada vez más interesante con el paso del tiempo. Y más aún para los estudiantes, atraídos por su “casi gratis” ticket para disfrutar de las más extrañas obras de arte del cine independiente.
Llegué al Abasto sin interiorizarme acerca de los nombres ni de los horarios de funciones de las películas. Sólo hice lo que hago año tras año: al llegar, me siento en uno de esos inmensos sillones de la sala del shopping, agarro el catálogo y comienzo a pispiar los nombres. Hay para todos los gustos, pero coincidí con mis compañeros en ver “Iraqui Short Films”, una estremecedora cinta que no fue filmada, sino recolectada escena por escena cual rompecabezas por su “director”, y editada para su proyección final en este certamen.

Cinta de casi dos horas y media de duración, extensa en sus tomas, con ausencia de banda sonora, pero todo esto se justifica. Por más que las escenas no desparramen sangre, no muestren cabezas cortadas ni muertos, la contundencia de ellas nos llega (y llena) al mismo tiempo.
Al charlar con su mentor al final de función entendí el porqué de todo este alboroto cinematográfico. Él no necesitaba ni deseaba mostrar la violencia de la guerra entre Irak y los Estados Unidos, material que puede encontrar cualquiera de nosotros en internet, sino que se focalizó en mostrarnos la mentalidad y psicología de cada uno de los bandos con imágenes viscerales. Allí es cuando comenzamos a entender el suceso de una manera muy distinta, a ver las aberraciones tal como suceden, sin filtros, pero con ninguna idea ni concepto directo, todo se nos insinúa, es implícito y hay que saber encontrarlo, mirarlo e interpretarlo.
Ya con los fuertes ruidos, las explosiones, los escasos diálogos y festejos nos hacemos la idea de que en realidad no entendimos nunca la guerra, no le dimos la gravedad que merecía, porque solemos ser y tomarnos las cosas así, de lejos, con más prejuicios que razones fundamentadas.
Desafortunadamente esta cinta no se podrá encontrar en los grandes clubes de video, ni en el cine convencional, sólo su dueño la tendrá en su poder y no realizará copias. La idea de este tipo de cine también se basa en eso: en conservar el trabajo propio, atesorarlo y no hacerlo demasiado público, en otras palabras, no enriquecerse con ello, sino de ello, de su labor como director, de pertenecer al certamen y de hacernos llegar a todos nosotros un cine distinto, un cine que la mayoría de nosotros nunca ve.
Todo lo que queda de Jean-Dominique Baudy es su cabeza… su mente tan consciente y despierta no lo lleva a la desesperación ni al suicidio ante su inminente situación.
Lo esencial de una cinta no es su duración. Lo más cautivante puede ir desde la banda sonora que llena todos los espacios hasta las caracterizaciones, desde la ambientación hasta los increíbles exteriores y el vestuario que los acompañan a la vez de resaltarlos.
Uno destina mucho tiempo de su vida a tratar de entender las relaciones humanas. Cómo funciona la pareja, cómo inventar algo cada día para renovarse e innovar todo el tiempo, para que nada sea igual que ayer.De eso habla “Sólo un sueño” o “Revolutionary Road” en inglés, del prestigioso director Sam Mendes (marido de la protagonista) y nominada a tres Oscar, sin contar los cuatro ganados. Ambos títulos se refieren a la misma película pero distan mucho de aludir a la misma trama. El título en español nos trae a una pareja que día a día busca pretextos para volverse a enamorar por no pasar por la mejor de las épocas, y porque tener hijos los ha separado últimamente.En cambio, el título con estilo inglés para algunos seguramente rememora el estilo de pareja de los años ‘50, porque así está ambientada esta cinta, que recorre las desventuras de una ama de casa que quiere aventurarse al mundo laboral en un momento en el cual la mujer quedaba relegada en su casa y se dedicaba sólo a limpiar y cuidar a sus hijos; y de un padre y marido que cualquier mujer quisiera tener, pero que no puede concretar el hecho de hacer feliz a su esposa, además de ser infeliz él con su trabajo. Todo esto transcurre en el pasaje “Revolutionary”, calle donde se mudaron desde los suburbios hace poco tiempo.¿Todo demasiado intrincado para los años ‘50 no?, época en la que nuestros padres y abuelos estaban en la flor de la vida, en la que se casaban temprano y el marido les duraba para toda la vida.Realmente no es así como se pinta la situación: la infidelidad, la superficialidad y el contaste aparentar no es algo característico de los tiempos que corren, por más que digamos lo contrario, sólo que en los ‘50 se creía que se tapaba el sol con un pulgar. Todo era apariencia e imagen, por lo menos en la mayoría de las parejas. Es así como se desencadena una serie de hechos en el seno de esta familia, que comienza con la ilusión de un viaje a París y la esperanza de un futuro mejor: según la cinta, se entiende por “futuro feliz” que ella se desempeñe como secretaria para el Estado, y él aguarde un trabajo mejor que el que tiene, mientras lee, busca su yo interior y es mantenido por su mujer. Esto desencadenará una serie de prejuicios a su alrededor.Este drama, que juntó merecidamente a la pareja de la famosa “Titanic”, ahora nos regala un Leonardo Di Caprio un poco avejentado pero terriblemente emotivo, bien logrado, con un excelente papel en el cual ni se nota su diferencia de edad con Kate Winslet, quien interpreta a la desesperanzada e infeliz April que nos hace acordar tanto a las mujeres casadas como él a los maridos luchadores e incansables. Esta pareja tiene una química especial y hace que esta apuesta cinematográfica realmente valga la pena. Juntos son avasalladores, se combinan a la perfección y le dan a la cinta un toque distinto. ¿Quién iba a imaginárselos peleando?, si en Titanic eran dos tórtolos alocados y perdidamente enamorados. Aquí es todo muy distinto. Hay que prepararse de antemano para verlos en escenas tan fuertes como certeras. Sumado al hecho de que Leo haya confesado que le resultó muy difícil besar a Kate en la filmación delante de su marido.De final poco predecible, la película va más allá de una simple historia de pareja, y recorre la psicología de los personajes, toca temas como la amistad, la infidelidad, la libertad y la decisión de tener hijos. Nos saca un lagrimón de vez en cuando, y no evita que nos sintamos totalmente identificados en todo momento. Idas y vueltas del matrimonio, el típico mal humor cuando las cosas no marchan como lo esperamos, las ilusiones que nunca se cumplirán y una sonrisa nuestra al traernos tantos recuerdos a la cabeza.Banda sonora excelente, dramatismo puro, expresividad a flor de piel, y una escena dura pero realista: un enfermo mental amigo de la familia va a cenar a la casa de los Wheeler y explota fervorosamente mencionando una por una las miserias de la vida, la infelicidad, el matrimonio y las personas en general. Excelente!