
Agresti vuelve a la carga, luego de Valentín (Rodrigo Noya/Julieta Cardinali), con este emocionante y tranquilo largometraje que junta nuevamente a Bullock y a Reeves luego de Máxima Velocidad (1993).
La trama refleja claramente el inconveniente de ambos personajes, no saber si sus sentimientos son reales y si el otro en verdad existe, o es un mero producto de su imaginación, o de un pasado al cual no formaron parte.
Su único medio de comunicación son las cartas que se envían todos los días tratando de conocerse a la distancia. Y tienen un lugar en común: ambos viven en la misma casa, hasta que ella se muda a otro lugar un poco alejado. Pero a pesar de las circunstancias trágicas la comunicación sigue y harán todo lo posible por verse la cara y estar juntos al fin.
De género melodramático, la película es un remake de II Mare, siguiendo con la tendencia actual de realizar nuevas versiones de films japoneses.
Sobre el final, se van resolviendo distintas cuestiones y se van desechando algunos personajes, como el novio de Kate, su madre y la pareja de Alex. Esto tal vez sea considerado como un error del director para muchos críticos, pero personalmente no creo que sea así, ya que le da un toque muy peculiar propio del Agresti de estos tiempos, y no el antiguo.
Hablando del desenlace, el mismo no sale de lo común y es un poco evidente.
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